Tienes fecha para volver al trabajo, o una cena fuera, o simplemente necesitas que otra persona dé una toma. Y tu bebé, que come de maravilla, no acepta el biberón de nadie, nunca, a ninguna temperatura, de ninguna marca. Este es uno de los problemas más comunes de toda la alimentación infantil y de los que menos se escribe, y justo por eso parece un fracaso personal cuando te toca a ti.
Cómo de común es
Lo bastante común como para que hiciera falta una encuesta a 841 madres británicas para describirlo. El veintisiete por ciento dijo que el rechazo del biberón había tenido un efecto negativo en su experiencia de lactancia, y el apoyo que recibieron no siempre les sirvió.[1] El estudio posterior —treinta entrevistas y 597 mensajes de foro— encontró un cuadro biológico, psicológico y social a la vez, más que un único fallo que arreglar.[2]
27 %
Eso importa por dos razones. La primera es que no es raro y no es tu técnica. La segunda es que las propias investigadoras concluyeron que normalizar la situación ayudaría a las madres a manejarla mejor, que es una forma educada de decir que buena parte de los consejos que circulan hacen sentir peor a la gente.[2]
Un hallazgo que va contra el consejo habitual
El consejo estándar es introducir el biberón pronto. En la encuesta, sin embargo, el rechazo —frente a la aceptación final— se asoció de forma significativa con que el bebé fuera *más pequeño* en el primer intento, junto con haber tenido rechazo antes y la frecuencia con la que la madre pensaba dar biberón.[1] Son datos de encuesta, así que la dirección es genuinamente incierta: quienes se toparon con el rechazo pronto pudieron simplemente seguir intentándolo y seguir registrándolo. No es una razón para retrasarlo. Es una razón para dejar de dar por hecho que «lo dejaste para muy tarde» sea la explicación.
Qué cambiar, y en qué orden
Cambia una variable cada vez
La tentación es cambiarlo todo a la vez —biberón nuevo, persona nueva, habitación nueva, temperatura nueva—, y así no aprendes nada. Cambia una cosa por intento, y que los intentos sean cortos.
- 1
Cambia quién lo ofrece
Es el cambio de mayor rendimiento. Muchos bebés no aceptan el biberón de la persona que les amamanta, y algunos no lo aceptan si esa persona está en casa.
- 2
Cambia el momento
Prueba con el bebé tranquilo y a gusto: ni cansado, ni muerto de hambre, ni a la hora habitual de la toma. En mitad de un rato contento funciona mejor que en el momento en que empieza a pedir.
- 3
Cambia la postura
Vertical, mirando hacia fuera, o sostenido de una forma deliberadamente distinta a la de mamar. Algunos bebés van mejor en una hamaca o sobre la rodilla que en la postura de cuna.
- 4
Cambia la tetina, una vez
Tetina de flujo lento, templada bajo el grifo para que no esté fría en los labios. Probar ocho marcas en quince días es un callejón sin salida frecuente y caro: los estudios no identifican ningún biberón ganador.
- 5
Ofrece, no insistas
Roza suavemente la tetina contra el labio superior y deja que el bebé abra la boca para cogerla. Dos o tres minutos de rechazo son el final de ese intento: dale de comer como siempre y vuelve a probar mañana.
- 6
Que los intentos sean pequeños y frecuentes
Un intento corto y sin dramatismo al día durante dos semanas rinde más que una hora tensa un domingo. A algunos bebés les ayuda el movimiento: pasear, el carrito, un balanceo suave.
Las variables por las que ir pasando
| Variable | Qué probar | Por qué a veces funciona |
|---|---|---|
| Quién | Pareja, abuelo o abuela, educadora de referencia | Elimina la expectativa del pecho |
| Dónde | Otra habitación, en la calle, en movimiento | Rompe la asociación con el sitio habitual de las tomas |
| Temperatura | A temperatura corporal o algo más templada | La leche fría y las tetinas frías se rechazan mucho más |
| Leche | Recién extraída en lugar de descongelada | Algunos bebés rechazan la leche guardada por el sabor, no por principio |
| Tetina | Flujo lento, templada, ofrecida al labio superior | Un flujo demasiado rápido y uno demasiado lento se leen igual de mal |
| Momento | Entre siestas, tranquilo, sin hambre | El malestar empeora cualquier problema de alimentación |
Puede que no sea rechazo
Parte de lo que parece rechazo es un problema mecánico o médico disfrazado de conducta. Mira qué pasa exactamente cuando entra la tetina: un bebé que la coge y luego se suelta llorando te está diciendo algo distinto de uno que no llega a abrir la boca.
- Flujo demasiado rápido: tos, tragar a lo bruto, leche que se sale, apartarse a los pocos segundos.
- Reflujo o molestia: arqueo, llanto que empieza a media toma y no al principio.
- Anquiloglosia: a menudo ya se sospechaba por la lactancia, y también afecta al biberón.
- Dentición o enfermedad: rechazo que aparece de golpe en un bebé que antes tomaba biberón.
- Sabor de la leche guardada: rechaza la descongelada pero toma la fresca de la misma persona.
Las vías que no pasan por un biberón
Esta es la parte que casi todas las guías omiten, y a menudo es la respuesta. El biberón es un mecanismo de entrega, no un requisito nutricional. Si tu bebé se acerca a los seis meses, el plan puede saltarse el biberón por completo.
- Un vaso abierto o un vaso de flujo libre, a partir de los seis meses aproximadamente. Muchos bebés que rechazan la tetina beben del vaso sin protestar.
- Una cuchara, para volúmenes pequeños: suficiente para cubrir una separación corta.
- Leche extraída en la comida una vez empezados los sólidos, que el calendario de alimentación recoge por edades.
- Ciclo invertido: un bebé que rechaza la leche mientras no estás y come más cuando vuelves. Es normal, es llevadero, y es lo que acaban haciendo muchos padres y madres que trabajan.
Si no funciona nunca
Algunos bebés no cogen nunca el biberón, y todos están bien. Los volúmenes se redistribuyen, la separación se cubre de otra manera, y el niño come con normalidad en cuestión de meses. Lo que la investigación deja más claro es que el malestar viene tanto de los consejos como de la situación: que te digan que esto tiene arreglo y luego no lograrlo es lo que hace daño.[2]
Si el rechazo va acompañado de poca ganancia de peso, menos pañales mojados o un bebé que además mama mal, eso es otra situación y necesita a tu matrona o pediatra, no otra marca de tetina.[5] Y si necesitas el biberón por la vuelta al trabajo, planifica la logística de la leche aparte del problema del biberón: son dos tareas y solo una depende de que tu bebé colabore.[6]





